domingo, 21 de agosto de 2011

“La CUQUI”

La canción que inundaba el lugar decía así: “no sé qué tiene señor que me enloquece, no sé qué tiene que al verlo me estremece, cuando me mira, me siento suya y se acaba el mundo. Cuando me abraza el tiempo pasa en un segundo… yo se que aunque muera de amor por mí, tendré que callar y sola sufrir, porque ante la gente debemos fingir porque es usted prohibido para mi”… la letra se la sabían silaba por silaba y la cantaban verdaderamente gustosas un par de mujeres vestidas con ropa bastante apretada. Yo no me atreví a sentarme en los lugares más profundos del bar porque a pesar de conocerlo hace bastantes años y de incluso compartir una historia familiar con aquel antro llamado La Cuqui, nunca me había dispuesto a beber ni un vaso de agua en su interior. Agradecí al cielo la compañía de Orlando, mi compañero de trabajo que por un par de cervezas es capaz de acompañar a cualquiera, a cualquier lugar, en cualquier momento. La presencia de él me hacía pasar desapercibido o por lo menos eso creía yo.

La Cuqui no es un putiadero pero toda mi vida la he mirado como tal.  Es inevitable etiquetar de esta manera un lugar donde las mujeres, como ya lo he dicho antes, usan la ropa dos tallas más pequeñas de lo que deberían y se visten de manera desbordante (desbordante en el sentido que todas las carnes se desbordan intentando acomodarse en una prenda que no les corresponde). No todas vestían de la misma manera, sólo un par que eran las encargadas “de vender el producto” (el trago), las ejecutivas de venta del negocio. No me atreví a preguntarle a Orlando qué otros tipos de “servicios” ofrecía La Cuqui pues, a pesar de que lo creía conocedor del caso, no quería revelar tan abiertamente mi ingenuidad, más bien hice mi propia conclusión: no es un putiadero pero es como un punto medio en el que los manes se emborrachan,  quedan ganosos al ver carnes desbordantes y de ahí si se van para otro lugar a hacer lo propio. “Si puedo ver esto a estas horas (a eso de las 12 m), cómo será esto en la noche…. Sangre de Cirsto” me dije a mí mismo.

El lugar no era muy grande, algo así como del tamaño de una sala de esas casas antiguas (porque las salas de los apartamentos de ahora son una miniatura). Las paredes estaban cubiertas por un diseño ajedrezado que intercalaba espejos y un color plano verde. Tres mesas a cada lado y dos en el centro componían el conjunto de mueblería “marca Pilsen” en el que de seguro algún día estuvo sentado mi papá y en el que en ese momento estaba yo con motivos totalmente diferentes. El piso era de color vinotinto, de esa baldosa característica de las casonas antioqueñas que solía alternarse con amarillo; pero aquí era solo el vinotinto, agrietado por el paso de los años. Al fondo estaba la barra, con butacos de matera y una estantería, no muy elaborada, de botellas de cerveza y licor de diversas marcas. En toda una esquina estaba el infaltable, el único, el irremplazable, el presente en los casos de angustia y el que posibilitaba los tiempos de beba: el orinal. Recordé a Duchamp y pensé en que no había un lugar más contextualizado para el orinal que un bar, sobre todo por las maravillosas propiedades diuréticas de la cerveza.

Después de unos minutos de haber ingresado al lugar, también entró un hombre cuarentón, 1.80 metros de estatura más o menos, sin barba y con una barriga bastante prominente. Este último rasgo me hubiera hecho pensar que era un chofer de camión pero después de dos años trabajando en La Plaza tratando con camioneros deduje que era un comerciante o dueño de algún negocio porque los camioneros buscan satisfacer dos necesidades cuando llegan a algún “puerto” a descargar: sueño y hambre; y en La Cuqui definitivamente no se satisfacía ninguna de las dos.

1. INT. BAR.DÍA
El cuarentón llama a una de las mujeres que atiende, la mujer se le acerca y le pregunta qué va a tomar. El hombre le dice que una cerveza y que se traiga una para ella por ahí derecho para que se siente con él. La mujer le trae dos cervezas tambaleando sus caderas lo más exageradamente posible, se sienta, le entrega una al hombre y le sonríe.
Cross dissolve

2. INT. BAR. DÍA
Un reloj da un par de vueltas aceleradamente.   
Cross dissolve

3. INT. BAR. DÍA
La mesa tiene varias botellas de cerveza vacías sobre la mesa. La mujer ha estado con la misma botella todo el rato y pasándose de un asiento para otro, ha circulado entre varios hombres y ahora vuelve donde el cuarentón. El hombre va al grano y le pregunta a ella qué pretendía hacer más tarde. La mujer le dice que se va para la casa y en el fondo sabe qué es lo que el man busca. El hombre le pide que lo acompañe un rato a un motel y le ofrece unos billetes. La mujer piensa en que su hija necesita unos tenis nuevos para el uniforme de educación física porque los que tiene ya están rotos y se les entra el agua. Ella no quiere tener que volverse a acostar con un tipo por necesidad. El esta ganoso y prendido por los tragos y tiene un fajo de billetes en el bolsillo que no quiere gastar con su esposa que está en la casa.

4. INT. PIEZA. TARDE
Ella se viste y le coge del fajo de billetes al cuarentón dos billetes morados con el rostro de Jorge Isaacs. Eso fue lo que él le había prometido y a pesar de que había más en el fajo ella no era ladrona.

5. INT. CASA. NOCHE
La mujer llega donde su hija y le entrega un par de tenis nuevos que la niña se prueba inmediatamente. La niña corre y la mujer sonríe al verla tan feliz. Hace un poco de chocolate y se sirve con un pan que había en la estantería de la cocina. La mujer se acuesta y pone el despertador a las 9 am.

6. INT. BAR. DÍA.
La mujer está de nuevo en el bar pero esta vez los clientes no han llegado temprano. Suena una canción que dice “yo sé que aunque muera de amor por mí, tendré que callar y sola sufrir, porque ante la gente debemos fingir porque es usted prohibido para mí”. Ella la canta con una compañera de trabajo y va decidida a que durante ese mes sólo servirá cerveza y licor.

FADE TO BLACK

Óscar Eduardo Rendón Cardona

2 comentarios:

  1. El trabajo está genial, pero Elimine la culpa, no se ponga USTED o lo que cree usted que siente el otro, dele otro final no judeocristiano y se debe perder tanto candor.

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