Entrar
a este bar es algo similar a entrar a un callejón, no te logras imaginar esa
profundidad y ese misterio desde que entras hasta que tomas tu asiento.
Paredes
blancas, grafitis, un joven que pone música e intenta se Dj, reggae, salsa,
reggaetón, hip hop, rap y no se que más; otro joven que intenta ser “bartender”
y sirve tragos en la barra para que esas meseras de shorts y “strapless” lleven
a las mesas.
Un
bar donde todos los viernes un grupo que reconoce orgulloso ser chocoano con un
letrero en sus camisetas “chocoano 100%” se reúne; el baile no se hace esperar
mujeres negras, grandes, con severo trasero toman sus parejos y no paran sino a
tomar un trago. Ellos negros también derrochan chabacanería, un poco intentan
tener clase, pero esa clase que para ellos es elegante y para la ciudad como
Medellín es bullicio.
Gritos,
carcajadas, más alcohol; es lo que se ve desde temprano, eran solo las 9 de la
noche y ya la fiesta parecía estar en su fervor en un sitio que yo tan solo
acostumbro ir a sentarme a tomar un par de “shots” a pesar de que en la sangre
ese poder afro me logra mover un poco. Estar aquí es muy similar a estar en una
discoteca de las más grandes de Quibdó.
Es
un bar que sólo está abierto hasta las 12, luego se cierra y adentro sigue la
rumba.
Mientras
describo todo lo de mi alrededor logro ver tres personajes bajándose de una
camioneta blanca, ellos entraron y todos les gritaban para saludar: “yoho”, “lowsly”,
“tato”, los muchachos muy educados saludaban y se reían logrando en tanto
apretón sentarse en una mesa que los esperaba.
La
historia especial que les voy a contar es del más joven de ellos, el hijo de
doña Berta, “lowsly”, el muchacho más loco
del grupo, el que supo poner sabor, chisme y corrinche a la fiesta.
Figura
pública, titulado de una muy buena universidad, con novia, y un buen futuro
como cantante; pero que lastimosamente en ese sitio dejó ver que todo lo que un
día se escuchó por radio, televisión y en el pueblo era cierto.
“El
problema no es que tome, ni que fume, el problema es que le pasan cosas
extrañas”, “el problema es el ejemplo a todos los que lo admiran” eran comentarios
que yo ya había escuchado de él, pero luego de lo que les voy a contar estarán
un poco de acuerdo conmigo cuando aseguro que el problema no es él sino esa
actitud que hasta el desconoce su proveniencia.
Todos
fuimos testigos del dolor de la fama.
El
joven aventurero no reconocía a su hermano y tampoco a su cuñado con los que
llegó; “el hijo de la profesora Berta” al que todos conocen, públicamente transformó
su cuerpo como si el fuera un espectáculo.
En
sus ojos se veía algo como posesión, ese grupo de afros que logran creer en
brujería y defienden a su adorado lowsly aseguran que es un alma la que se
apodera de él, su hermano le pide que se retiren pero el se niega diciendo que
sólo acaban de llegar.
Más
amigos que llegan lo saludan, el intenta ser amable pero su fuerza cada vez es
mas devastadora, intentó coger una copa y como si fuera sansón la destruyó.
El
temor se siente en todos los rincones,
el dueño del establecimiento asegura que todo está bien pero todos podemos
percatarnos que ese ser que admiramos está volviéndose loco.
Lowsly
se acercó a una de las chicas que atienden las mesas ella nerviosa intentó retirarse
pero el la abrazó; que raro, la fuerza se fue perdiendo; como un niño débil
bajo el aroma de esta mujer vuelve a sentirse como ese joven que sube a tarimas
con humildad, todo pasa frente a mis ojos lo que un día fue noticia lo estaba
viviendo, era real, se transformó.
El
ante sus amigos pidió excusas y dijo que jamás ha podido mitigar eso que lo
asalta, todos perdieron poco a poco el temor y el aseguró que sólo pasaría esa
vez, frente a unas 200 personas perdió nuevamente su secreto, el aseguraba que
no eran drogas ni había fumado nada más que un par de cigarros de los legales.
-“desde
niño me pasa, mi familia lo ha notado y yo solo lo he empezado a controlar hace
poco que asisto a terapias parapsicológicas” como vieron el único remedio es el
aroma a mujer.
El administrador se acercó a la mesa de Lowsly
le llevó un poco de agua y de forma más tranquila continuó saludando a los
nuevos asistentes que se abrían paso en el tumulto.
La
noche fue volviendo a su estruendo, a su rumba y su arrechera. Los negros todos
juntos celebraban con su grupo ese premio que desde los ángeles habían traído a
Colombia y por primera vez por afro-descendientes. Todo se dejó a un lado y ese
fantasmal episodio no fue impedimento para seguir con la gran fiesta.
Lo
que pasó esta noche con ese grupo de asistentes se volvió noticia y
confirmación a los rumores que en el pueblo y en el país ya sonaban.
Sin
embargo nadie sabe explicar aún que pasa cuando el cuerpo de lowsly está bajo
tanta presión.
Fue
sorpresiva la noche conmigo y con esta historia, con los medios que no lograron
ni un solo video y con los testigos que por lealtad a su coterráneo no negaban
que ocurrió algo pero ninguno hablaba mal del amado cantante.
La
historia se repite cada que el cantante entra a un lugar y siente como la fama
lo absorbe; sin embargo no hay imágenes, no hay testigos que lo aseguren frente
a una cámara sino el simple corrillo y la lucha de este joven para superar su
temor y sus episodios.
Por: Diana Carolina Munera
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