La Cuqui no es un putiadero pero toda mi
vida la he mirado como tal. Es
inevitable etiquetar de esta manera un lugar donde las mujeres, como ya lo he
dicho antes, usan la ropa dos tallas más pequeñas de lo que deberían y se
visten de manera desbordante (desbordante en el sentido que todas las carnes se
desbordan intentando acomodarse en una prenda que no les corresponde). No todas
vestían de la misma manera, sólo un par que eran las encargadas “de vender el
producto” (el trago), las ejecutivas de venta del negocio. No me atreví a
preguntarle a Orlando qué otros tipos de “servicios” ofrecía La Cuqui pues, a pesar de que lo creía conocedor
del caso, no quería revelar tan abiertamente mi ingenuidad, más bien hice mi
propia conclusión: no es un putiadero pero es como un punto medio en el que los
manes se emborrachan, quedan ganosos al
ver carnes desbordantes y de ahí si se van para otro lugar a hacer lo propio. “Si
puedo ver esto a estas horas (a eso de las 12 m), cómo será esto en la noche….
Sangre de Cirsto” me dije a mí mismo.
El
lugar no era muy grande, algo así como del tamaño de una sala de esas casas
antiguas (porque las salas de los apartamentos de ahora son una miniatura). Las
paredes estaban cubiertas por un diseño ajedrezado que intercalaba espejos y un
color plano verde. Tres mesas a cada lado y dos en el centro componían el
conjunto de mueblería “marca Pilsen” en el que de seguro algún día estuvo sentado
mi papá y en el que en ese momento estaba yo con motivos totalmente diferentes.
El piso era de color vinotinto, de esa baldosa característica de las casonas
antioqueñas que solía alternarse con amarillo; pero aquí era solo el vinotinto,
agrietado por el paso de los años. Al fondo estaba la barra, con butacos de
matera y una estantería, no muy elaborada, de botellas de cerveza y licor de
diversas marcas. En toda una esquina estaba el infaltable, el único, el
irremplazable, el presente en los casos de angustia y el que posibilitaba los
tiempos de beba: el orinal. Recordé a Duchamp y pensé en que no había un lugar más
contextualizado para el orinal que un bar, sobre todo por las maravillosas
propiedades diuréticas de la cerveza.
Después
de unos minutos de haber ingresado al lugar, también entró un hombre cuarentón,
1.80 metros de estatura más o menos, sin barba y con una barriga bastante
prominente. Este último rasgo me hubiera hecho pensar que era un chofer de camión
pero después de dos años trabajando en La Plaza tratando con camioneros deduje
que era un comerciante o dueño de algún negocio porque los camioneros buscan
satisfacer dos necesidades cuando llegan a algún “puerto” a descargar: sueño y
hambre; y en La Cuqui definitivamente
no se satisfacía ninguna de las dos.
1. INT.
BAR.DÍA
El cuarentón
llama a una de las mujeres que atiende, la mujer se le acerca y le pregunta qué
va a tomar. El hombre le dice que una cerveza y que se traiga una para ella por
ahí derecho para que se siente con él. La
mujer le trae dos cervezas tambaleando sus caderas lo más exageradamente
posible, se sienta, le entrega una al hombre y le sonríe.
Cross dissolve
2. INT. BAR. DÍA
Un
reloj da un par de vueltas aceleradamente.
Cross
dissolve
3. INT.
BAR. DÍA
La
mesa tiene varias botellas de cerveza vacías sobre la mesa. La mujer ha estado
con la misma botella todo el rato y pasándose de un asiento para otro, ha
circulado entre varios hombres y ahora vuelve donde el cuarentón. El hombre va
al grano y le pregunta a ella qué pretendía hacer más tarde. La mujer le dice
que se va para la casa y en el fondo sabe qué es lo que el man busca. El hombre
le pide que lo acompañe un rato a un motel y le ofrece unos billetes. La mujer
piensa en que su hija necesita unos tenis nuevos para el uniforme de educación física
porque los que tiene ya están rotos y se les entra el agua. Ella no quiere
tener que volverse a acostar con un tipo por necesidad. El esta ganoso y
prendido por los tragos y tiene un fajo de billetes en el bolsillo que no
quiere gastar con su esposa que está en la casa.
4.
INT. PIEZA. TARDE
Ella
se viste y le coge del fajo de billetes al cuarentón dos billetes morados con
el rostro de Jorge Isaacs. Eso fue lo que él le había prometido y a pesar de
que había más en el fajo ella no era ladrona.
5.
INT. CASA. NOCHE
La
mujer llega donde su hija y le entrega un par de tenis nuevos que la niña se
prueba inmediatamente. La niña corre y la mujer sonríe al verla tan feliz. Hace
un poco de chocolate y se sirve con un pan que había en la estantería de la
cocina. La mujer se acuesta y pone el despertador a las 9 am.
6.
INT. BAR. DÍA.
La
mujer está de nuevo en el bar pero esta vez los clientes no han llegado
temprano. Suena una canción que dice “yo sé que aunque muera de amor por mí, tendré
que callar y sola sufrir, porque ante la gente debemos fingir porque es usted
prohibido para mí”. Ella la canta con una compañera de trabajo y va decidida a
que durante ese mes sólo servirá cerveza y licor.
FADE TO BLACK
Óscar Eduardo Rendón Cardona
El trabajo está genial, pero Elimine la culpa, no se ponga USTED o lo que cree usted que siente el otro, dele otro final no judeocristiano y se debe perder tanto candor.
ResponderEliminarOk.. gracias
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