Asistí
a la feria del libro días después de la salida pedagógica que dio el profesos
Josué, ya que en ese día me era difícil estar allí. La feria del libro me
pareció un evento muy interesante y enriquecedor ya que fomenta la cultura e
incentiva a conocer sobre diferentes
géneros literarios y escritores, por otro lado pude ver que se encontraban
precios favorables para la adquisición de libros, me parece importante pagar un
precio justo a la labor que ejerce los escritores pero más a un que los precios
se ajusten un poco a los compradores colombianos, de esta forma no solo se
reduce la piratería sino que también se incentiva y se le da más fuerza a la
cultura ciudadana de nuestro país.
Entre
los stand visitados el que más me gusto fue uno que encontré de libros usados donde había una gran variedad de libros viejos
pero interesantes como “El hombre en busca de sentido, del austríaco y
sobreviviente del Holocausto Viktor E. Frankl”, con temáticas existencialismo
entre otros, en particular me gusto uno que encontré era un libro de Milán
Kundera que ciertamente robo toda mi atención, el nombre de tan agradable libro
es “La insoportable levedad del ser”, dedique un poco de tiempo para leer unas
cuantas páginas de esta novela lo cual puedo mencionar fue algo frustrante al
sentir cada vez un mayor interés por seguir avanzando en la historia, conocer
su desarrollo y entender el sentido que el autor quería transmitir con esa historia,
lo que para mí resultaba un poco complejo ya que me vi impedida por el tiempo
para leerla y el dinero para obtener tan valiosa obra literaria en aquel
momento, (dejo en claro que días después adquirí el libro y felizmente pude terminarlo),
fue una experiencia increíble ya que ciertamente no soy una persona que
acostumbre a leer con frecuencia obras literarias a menos de que sea una
exigencia académica, pero en esta oportunidad que se me dio a partir de la
feria del libro, adquirí la obra por mi propio gusto y me hice participe de un
universo totalmente ajeno al mío lo cual resulto ser una experiencia muy enriquecedora.
A
medida que avance en mi recorrido note que un gran porcentaje de las personas
que visitaban la feria eran estudiantes de colegios seguramente también
asistían como una visita pedagógica de las instituciones, vale la pena mencionar
que aunque seguramente los vendedores no se vieron muy favorecidos en ventas,
ya que este no es un público de mucha adquisición de textos, por lo menos no
por gusto propio, no en su mayoría, es
interesante ver cómo se van enganchando a las stand al ver las portadas o
formas de los libros coloridos y llamativos ya que muchos se detenían para
observarlos con detenimiento.
Libros
para todos, historia, sicología, infantiles, esotéricos “de todo y para todos”,
no solo en las estanterías se veía reflejada esta feria del libro cuyo nombre
de eslogan vale mencionar logro reunir en tan cortas palabras una gran
inmensidad “Medellín una ciudad para leer y escribir” también se veía
representada en las artes escénicas, en los muros con lecturas y los
conversatorios con escritores invitados de otros países y del nuestro, en
definitiva esta es una feria que nos permite reconocer y apreciar el fomento
artístico no solo de grandes escritores extranjeros sino también de nuestro
propio país y hurgar en nosotros mismos nuestro lado más intelectual.
Por:
Andrea Naranjo Bedoya
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